lunes, 21 de abril de 2014

Ni Yanquis ni Marxistas¡Peronista!

Entrego algunas páginas mas del libro del título. Impresionante. En esta parte se hace referencia al Dr. Disandro, oportunamente publicaré su destacada labor.
La Tercera Posición como concepción sui generis del Justicialismo
Tal vez cuasi influenciado de manera alguna por Jacques Maritain, el Justicialismo se inclinó por las directrices de la DSI en las encíclicas, desde la Rerum Novarum hasta ese momento, formulando la concepción de Tercera Posición como política a seguir en el plano internacional y nacional.
La Tercera Posición planteó el derecho de todos los pueblos a escribir su propio destino, de acuerdo con sus propias idiosincrasias, en plena libertad e independencia. Esta concepción peronista es la refundación de un orden internacional más justo, basado en el respeto absoluto de la soberanía política de todas las naciones.
Frente al capitalismo y al comunismo, para la Tercera Posición el hombre no es un individuo aislado y manipulable, ni un instrumento dentro de un gran y perverso engranaje colectivo, sino que es un ser que vive en sociedad, que libremente se desarrolla, constituye su familia, las sociedades intermedias, el Estado y sus asociaciones internacionales.
Así la resume Perón: …“nuestra Tercera Posición Justicialista diremos que, en el orden político, implica poner la soberanía de las naciones al servicio de la humanidad, en un sistema cooperativo de gobierno mundial, donde nadie es más que nadie, pero tampoco (49) menos que nadie. En el orden económico, la Tercera Posición es la liberación de los extremos perniciosos, como lo son una economía excesivamente libre y otra excesivamente dirigida, para adoptar un sistema de economía social al que se llega colocando al capital al servicio de la economía. En el orden social, en medio del caos que opera en el mundo fluctuante entre el individualismo y el colectivismo, nosotros adoptamos un sistema intermedio cuyo instrumento básico es la justicia social“(Mensaje a la IV Conferencia de Países No Alineados, setiembre de 1973.
La Tercera Posición comenzó a trascender entre aquellas naciones sojuzgadas por uno u otro imperialismo. Cansados de falacias ideológicas, el claro llamado al realismo político de la comunidad internacional formulado por Perón atrajo la atención de muchos pueblos del mundo; pueblos a los cuales, frente a la explotación, la dependencia y el vasallaje, sólo se les brindaba la salida del ideologismo o la violencia.
La concepción política de la Tercera Posición entiende la igualdad entre naciones, éstas deben ser socialmente justas, económicamente libres y políticamente soberanas. Todas ellas en igualdad de derechos y deberes tienen una función internacional que cumplir. Por esto en la comunidad internacional no deben existir naciones y pueblos dirigentes, ni naciones y pueblos dirigidos, ni naciones y pueblos explotadores o explotados.
La mente enciclopedista academicista liberal masónica ha logrado algo fundamental para mantener la falsa historia, tantos años latentes: el reinado de la confusión y el desconcierto general. Así lograron encontrar naciones como“ chivos expiatorios” de todos sus atropellos imperialistas internacionales. Pero su mayor logro ha sido fragmentar al mundo en “oriente y occidente”, cuando la verdadera división debió ser en “boreal – septentrional” acorde a países so juzgantes y naciones sojuzgadas.
Actualmente, por ese enciclopedismo de burundanga que ya hemos referido, se pretende analizar al Peronismo academicistamente. Así los Grondonas, Neustadt, Feinmann,Bonasso (léase Malasso), Yofré, entre centenas de etcéteras, analizan las políticas y discursos del General Perón como de derechas, de izquierdas, o de centro, cuando en realidad ese análisis de ningún modo integra una forma metódica del Peronismo para analizar la historia política. El marxismo y el liberalismo pretendieron confundir al mundo, hablando de países dominantes, y naciones subdesarrolladas. Con ese afán acometieron hacer creer que no hay poderes mayores a las soberanías de las propias naciones. Por eso, el Coronel Perón a la hora de explicar la realidad mundial, había hablado de “las internacionales”, término hoy en día reemplazado por la falsa dialéctica de “imperialismos”. El líder justicialista concebía al mundo con poderes dominantes y naciones y/o ciudadanos dominados.
Por ello para quienes somos peronistas, no podemos caer en el discurso de hablar de izquierdas, de derechas, o de centro, porque estos no son análisis metódicos de (50) interpretación propios del Peronismo, sino de aquellos academicistas subvencionados para enmarañar a la humanidad, reconociendo falsas patologías para que nunca se encuentren verdaderos remedios a la auténtica enfermedad.
Para el Justicialismo, nunca fue trascendental la dicotomía capitalismo, marxismo,(según Perón, lo primero la explotación del hombre por el hombre y lo segundo la explotación del hombre por el estado–agrego yo, en el primer caso explotación físico laboral, en el segundo explotación a bombas, cañonazos y cohetazos, hambrunas, y genocidios alevosos-), sino que las indudables dicotomías para el Peronismo devenía del lema: “PRIMERO DIOS/LA PATRIA, DESPUÉS EL MOVIMIENTO/NACIÓN, PORÚLTIMO LOS HOMBRES”.
De allí que la genuina dicotomía peronista, sea patriotismo– cipayismo, sin dejar lugar a “terceras posiciones” en este análisis. El Justicialismo siempre pregonó la unidad de concepción, para la unidad de acción. No pueden tener uniformidad de concepciones aquellos que tienen metodologías extrañas al Peronismo para la interpretación de la política y la historia, pero eso es problema de todos aquellos, no es problema del Peronismo ni mucho menos de los peronistas.
Aquellos intelectualoides de pacotillas han criticado sobremanera al Peronismo por su supuesta carencia de “identidad”, por su “pragmatismo político”, pero casualmente estos “críticos” son los que jamás confiesan la propia identidad política desde la que se fundan a la hora de hablar. Porque para hacerlo primero tienen que poner el cerebro en movimiento, antes de poner la lengua en ello. Y resulta que estos tienen un cassette automático a la hora de fiscalizar al Peronismo. Y porque también, nunca podrán ver la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el ojo propio, puesto que tanto “derecha” como “izquierda”, son conceptos sin identidad, sin definiciones, totalmente pragmáticos y anónimos.
Al decir del “Arkegueta” Alberto Buela, es por ello que el Peronismo no tiene intelectuales, sino que tiene pensadores, en tanto que el mundo de los intelectuales, aquellos que pertenecen a la república de las letras, forma parte de la tradición ilustrada que tiene su esplendor en el iluminismo racionalista de los siglos XVIII y XIX, cuyas consecuencias politológicas fueron el liberalismo y el socialismo (sus derivados como el democratismo y el marxismo).
Una reflexión al canto, que está tan a la vista y que mirarla de frente parece que enceguece (como mirar directamente al sol), es que los mismos que hablan de las “divisiones del Peronismo”, poco refieren que el Movimiento Nacional, en tanto organización política, no fue pionero en cuanto a fragmentaciones: recordemos sino el radicalismo desde 1912 a la fecha, que en sus inicios tuvo el suicidio de su fundador por discrepancias con su sobrino, o haciendo referencias a los más acérrimos monopolizadores del análisis “divisionista” del Peronismo, los marxistas, que en materias de divisiones es lo único en lo que a todos les ha sacado ventaja. (51)
El humanismo político del Justicialismo como idea diferenciadora de las demás ideologías
Nadie ha descrito al “humanismo justicialista” de manera tan completa y perfecta, como lo ha hecho el profesor Dr. Carlos A. Disandro:
Documento Anexo  – La Hostería Volante (Órgano delpensar americano para una cultura humanista y política, Americana, n° 48, La Plata, República Argentina, Agosto de1997).
“Frente a un mundo contemporáneo de difíciles raíces negativas y de grandiososhorizontes promotores, es menester trazar una sucinta comprobación de nuestra idea fundante, para afirmar la Nación como un destino que se clarifica, el Estado como una conciencia histórica que permite la articulación entre Patria eterna y el quehacer político y cotidiano impostergable. Es preciso partir en este tema de la expresión Humanismo Político para comprender el alcance de esta problemática. Al decir humanismo político entendemos un conjunto de premisas, una filosofía del hombre, una concepción de su destino, de su tarea, de su existencia. El carácter constructivo del humanismo radica en unir todos los momentos históricos, por una parte, y en intentar una fundamentación del mismo hombre, apoyada en instancias trascendentes siempre valederas. En la coordenada vertical, todo humanismo auténtico implica subrayar un reclamo a las fuentes históricas, el despliegue de sus consecuencias más importantes y la ejecución de una labor que se diferencia por matices incuestionables, pero que respetan siempre esa línea de creatividad.
Modernamente todas las tendencias pretenden ser un humanismo porque con mayor o menor intensidad intentar proyectar un modelo de hombre, que signifique una victoria, una superación, una complementación. Y así se habla incluso de “humanismo marxista” capaz, según sus voceros, de plantear en forma definitiva el significado dela historia, la ubicación del hombre en ella y más particularmente del hombre actual sacudido por tensiones innúmeras. EL JUSTICIALISMO ES, en este sentido, UN HUMANISMO, QUE PROPONE SUS PROPIAS FUENTES, SUS PROPIAS CONNOTACIONES y SUS PROPIAS CONCLUSIONES. No es, pues, un anti-nada, aunque de sus premisas doctrinales se desprende una posición claramente contrapuesta a ciertas posiciones actuales; pero al mismo tiempo en esas premisas se intenta recuperar una totalidad del hombre, (52) una diafanidad del hombre y una proyección concreta del mismo en la situación americana. Desde este punto de vista, EL JUSTICIALISMO ES CONNATURALMENTE ANTI-MARXISTA.
De esas significaciones derivan otras consecuencias importantes no sólo desde el punto de vista doctrinal, sino sobre todo desde el punto de vista práctico. El humanismo político no se restringe al acto de inteligencia cultural o política, a la capacidad de comprender el pasado o el presente. En un cierto sentido, tal como lo entiende Pericles en un texto famoso, resume la totalidad del hombre en la construcción del Estado, lo que sería la obra de arte por excelencia. Si enseñar, curar, estudiar, comerciar, etc., manifiestan funciones del misterioso trasfondo de la natura humana, gobernar a los hombres sería el más sublime motivo del humanismo, la más perfecta obra de arte, pero también la más terrible tarea propuesta a los mismos hombres. Pues el arte de gobernar es el arte de hacerlos más hombres, o sea más justos; el arte de persuadirlos, o sea hacerlos más dóciles al bien común; el arte de protegerlos, consolarlos y estimularlos, o sea hacerlos más activos y más pacíficos al mismo tiempo.
El Justicialismo, como un árbol cuya sombra protege a cualquier caminante, hunde sus raíces en estos densos estratos del humanismo grecorromano; pero sus ramas y sus frondas, lúcidas y sencillas, están al alcance de cualquiera, como corresponde a la tarea de gobernar, persuadir e ilustrar a todo el pueblo argentino. Esta sencillez es hermana de su vasta profundidad; por ello, surge aquí un alertado sentido político, que extraña a los observadores extranjeros, no siempre justos con la noble condición del argentino. Pero es nuestro deber profundizar tales raíces, hacerlas ostensibles, repensarlas y precisarlas, sobre todo en las instancias de este presente contradictorio en que está comprometido el destino de la patria y por ende la existencia de la Nación. En una palabra, EL JUSTICIALISMO ES UN HUMANISMO, EN CUANTO PARTE OSUPONE UNA FILOSOFÍA DEL HOMBRE, UNA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA; Y ES UN HUMANISMO POLÍTICO, EN CUANTO PRETENDE AFIRMAR LAS PREMISAS QUE CONFIGURAN LA EXISTENCIA DEL ESTADO, LAS CARACTERÍSTICAS DE LA VIDA POLÍTICAS COMO UN ACTO CREADOR, LAS CONDICIONES DE UN GOBIERNO QUE SIGNIFIQUE LA JUSTICIA (ESENCIA DEL JUSTICIALISMO), EL ORDEN, LA PAZ, EL TRABAJO, LA PIEDAD, etc. Pero como humanismo se confronta, se contrapone y dirime con otras regimentaciones que también se consideran humanistas, y que pretenden asimismo derivar consecuencias políticas, que debemos establecer, criticar y rechazar. Nos referirnos en particular a las formas del liberalismo, del marxismo y del desarrollismo. De esa referencia se deducirá al mismo tiempo la característica positiva del Justicialismo y las consecuencias políticas de sus premisas. Deduzcamos ahora las notas positivas de este humanismo. (53)
Es un humanismo cristiano, lo que quiere decir que excluye toda pretensión de ateísmo, que reclama un fundamento trascendente a los hombres y que afirma el carácter de ágape en las obras del hombre. Pues el Cristianismo trajo una profunda renovación y perfección: el amor y la justicia entre los hombres es no sólo resultado de los hombres, sino presencia activa de la divinidad en el mundo. Desde este punto de vista, el Evangelio, sin interferir en las estructuras políticas, confirma los valores de la patria terrenal, hic et nunc, en la medida que afirma la patria del celeste, del cielo.
Es un humanismo en que ciudadano y populus se armonizan en la Nación y el Estado. Para ello se requiere la articulación de tradición e innovación. Es un humanismo que procura el equilibrio entre justicia y libertad.
Es un humanismo que integra autoridad, justicia y libertad y que en consecuencia, favorece las virtudes creadoras de los hombres, pero los cuida de una voluntad de dominio.
Es un humanismo del trabajo en tanto construye la existencia profunda del hombre, la liga solidariamente a una sociedad abierta que permite consolidar los bienes de la Nación. El humanismo del trabajo es fundamental en la doctrina justicialista, que sería gravemente distorsionada y alterada si renuncia a tales requisitos.

Plantear entonces el contenido positivo de un humanismo cristiano que a nivel político implica que el Estado y el hombre representan la más alta norma de instauración espiritual y creadora, en el marco de una justicia que hace más libre, de una libertad que hace más justos. Sin esta armonía pues, los caracteres de una revolución cultural que solapadamente quiere instrumentar al Peronismo podrían establecer una nefasta confusión y además podrían destruirse los valores eminentes del hombre argentino, relegarse las pautas de soberanía e independencia y abatir la construcción de una justicia social que siendo requisito del Estado es al mismo tiempo fundamento de un hombre más apto, más justo y más noble. (54)